Terrorvision (1986). De la televisión salen monstruos cósmicos.

Recuerdo perfectamente la carátula de “Terrorvision” en los videoclubs de mi barrio cuando era un adolescente. Aquella cinta VHS con una imagen de una antena parabólica en la que había insertado un ojo alienigena y unos tentáculos me daba bastante miedo, y de hecho nunca tuve el valor de alquilarla porque si la caratula me daba tanto miedo, seguro que la película que iba dentro era tan brutal que me traumatizaba de por vida… eso pensaba.

La caratula del vhs de “Terrorvision” me daba un miedo importante de chaval. Pensaba que esa película tenía que dar mucho mucho miedo.

Poster en inglés de la película TerrorvisionHace ya algo de tiempo decidí que ya estaba preparado para ver “Terrorvision” de una vez y acabar con esa sensación de cosa a medio hacer por no haberla visto de chaval, así que me senté delante de mi televisión y me puse la película.

Terrorvision” empieza enseñándonos el departamento de sanidad, división de seres mutantes, del planeta Plutón, donde un horrible monstruo es convertido en energía y disparado al espacio por un funcionario plutoniano. El monstruo viaja en forma de rayo por el universo rebotando de planeta en planeta hasta que aterriza en la flamante y nueva antena parabólica de los Putterman, una familia muy particular. El monstruo vive en la televisión, y cada vez que los Putterman cambian de cadena o hacen algún arreglo, el monstruo se manifiesta físicamente haciendo todo tipo de cositas malas. La familia está compuesta por los padres, un matrimonio salido y peculiar con una fijación preocupante por hacer intercambio de parejas; la hija, una chavala 100% ochentera que aprece Cindy Lauper en versión barata; el hijo, un chavalín obsesionado con las armas y con la estética militar; y el abuelo, un viejo loco obsesionado con la guerra, las armas, la supervivencia y que tiene un cuarto que parece un bunker militar. Con este cuadro de personajes, al que se suma alguno más, como Medusa, una presentadora tetuda de TV de un programa de terror y algún secundario más, parte “Terrorvision“, que básicamente consiste en ver como la familia lucha contra el monstruo hasta el final de la película y el desenlace. No cuento más de momento porque si no os chafo toda la película. Pero seguid leyendo, seguid… Continúa leyendo Terrorvision (1986). De la televisión salen monstruos cósmicos.

Conseguir carteles y posters de películas en los 80: el arte de saber pedir.

En los años 80 la industria del merchandising estaba muy pero que muy desarrollada ya, pero desde luego y sobre todo si vivías en una población pequeña era bastante dificil conseguir un poster, cartel o display de “El imperio contraataca” o de “Aliens, el regreso” o de “Kickboxer” o de la película que fuera, y tampoco había tanto material de películas como ahora.

Poster chulo chulo de El Imperio Contraataca
Poster chulo chulo de El Imperio Contraataca

Si querías conseguir un cartel, poster o material promocional de películas tenías que recurrir a dos fuentes principales: el cine o el videoclub, y eso era todo amigos, no había más. Si querías conseguir un poster como el de la izquierda de esta página, de “El imperio contraataca”, las únicas alternativas si no tenías dinero, eran o bien mendigar el poster al encargado o taquillera del cine en el que echaran la película para ver si te lo guardaba cuando dejaran de poner la película en ese cine, o esperar a que la película saliera en vídeo y repetir la operación con el dependiente o dueño del videoclub. En cualquier caso, si querías un poster, un cartel o aquellas fiotografías tamaño folio que se ponían en vitrinas fuera del cine para que vieras imágenes de la película (los spoilers de los años 80), todo pasaba por tener que pedírselo a alguien y confiar en su buena fé. Como te llevarás mal (sobre todo si vivías en un sitio pequeño con solo uno o dos cines) con alguien del cine o del videoclub, la habías cagado.

El proceso para conseguir que te dieran un poster o material de cualquier película en el cine o videoclub de turno pasaba por utilizar una serie de argumentos de peso para convencer a aquellas personas que podían acceder a los preciados posters o carteles de que te los regalaran. Mis argumentos favoritos eran: Continúa leyendo Conseguir carteles y posters de películas en los 80: el arte de saber pedir.

Copiar películas en los años 80, cuando la piratería era casi un arte.

Seamos realistas y sinceros: hoy en día copiar películas es algo realmente muy fácil. Tan solo tienes que sentarte delante de un ordenador, utilizar algún programa de ripeo de los cientos que hay y copiar de un DVD tu película favorita para poder verla todas las veces que quieras. Así de sencillo. Ni siquiera hay que ser un experto en informática ni invertir grandes cantidades de tiempo. Lo puedes hacer todo tú solo sin ayuda de nadie y tener copias privadas sin ánimo de lucro de tus películas.

Aquellas cintas VHS en las que copiabas las películas.
Aquellas cintas VHS en las que copiabas las películas.

Pero, ¿y si querías copiar una película en los años 80?. A veces pasaba, como me pasaba a mí, que había películas que directamente te encantaban, que eran lo mejor de lo mejor, y las querías ver una y otra vez, y solo tenías dos alternativas: esperar a que la hicieran por televisión y grabarla entonces para verla todas las veces que quisieras o alquilarla en el videoclub cada vez que quisieras verla (con el gasto que ello suponía). También podías comprarlas, de segunda mano o nuevas, pero estaba lejos de mi poder adquisitivo. Y estaba la tercera manera, que era la dificil y complicada: alquilar una película y copiarla de vídeo a vídeo. Bien de Beta a VHS o de VHS a VHS, ya que yo nunca tuve Beta. Todo esto sin ánimo de lucro ni para hacer negocio, sino como copia privada y personal. Esta era una gran costumbre ochentera, ahora olvidada y superada por las nuevas tecnologías.

Para empezar, el tema era complicado y requería bastante tiempo, porque necesitabas los siguientes elementos y seguir todos estos pasos: Continúa leyendo Copiar películas en los años 80, cuando la piratería era casi un arte.

Alquilar una película porno en los 80. Eso era una aventura de verdad.

Inauguro esta sección que he llamado “Grandes costumbres de los años 80″ (relacionadas de una manera u otra con el cine de aquella época) recordando lo que suponía alquilar una película porno en los años 80. Ahora, con internet y todas estas moderneces, cualquiera puede descargarse las películas más marranas del mundo a través de la red y sin tener que dar la cara ante nadie.

Pero amigos, eso no era así en los 80, y si querías ver una película porno, tenías que ir al videoclub a alquilarla.

Poster de pelicula porno ochentera
El típico poster de película porno ochentera y encima en este caso, la típica película que es la versión porno de un exitazo normal, aquí “Flashdance”

Y claro, ir al videoclub a alquilar una película porno suponía que tenías que dar tu nombre, tu carnet de socio, o hacerte socio, porque si no no te la alquilaban, eso estaba claro. Y también suponía que tenías que meterte en aquel rincón oscuro y apartado, a veces incluso separado del resto del videoclub con cortinas o paneles, donde estaban las películas porno. Y encima eras un menor, o sea que encima igual ni te la alquilaban, pero había que arriesgarse. y para rematar la faena, podías encontrarte con los vecinos alquilando “El lago azul” o, como me sucedió a mi, con 16 años, encontrarte con uno de tus profesores mientras llevabas la peli porno en tus manos. Eso sí que era aventura y no como ahora, que la gente se descarga 30 películas porno en un par de tardes. Aquello sí que era riesgo.

Básicamente, para alquilar una película porno en los 80 de forma discreta y siendo menor, había que hacer lo siguiente:

  1. Convencer a algún amigo o ir tú mismo al video club a alquilar la peli porno, e ir al videoclub.
  2. Entrar en el videoclub y deambular poco a poco por las filas de películas conforme te ibas acercando lentamente a la sección de porno. Cuando veías que los dependientes no te veían, te metías en la sección de porno. Continúa leyendo Alquilar una película porno en los 80. Eso era una aventura de verdad.