Bitelchus (1988). Más allá de la muerte hay un mundo extravagante dirigido por Tim Burton

Bitelchús, Bitelchús, Bitelchús! ¿Quien no ha sentido la tentación de pronunciar estas tres palabras al ver esta película?

Bitelchús es un clásico extraño y raro. Una película ochentera llena de fantasía, despropositos y cosas macabras… Tim Burton empezaba a forjar su reputación.

Poster de la película BitelchusY es que de la mano de Tim Burton nos sumergimos en un mundo bastante peculiar, oscuro y atractivo donde Adam y Barbara Maitland, unos pobres e inocentes recién casados, sufren un accidente de coche en el que mueren en el acto. Tal y como podemos esperar de una película dirigida por Burton, estos volverán de entre los muertos convertidos en unos majetes fantasmas, que deciden habitar su hogar de recién casados en busca del descanso eterno, pero con la mala suerte de que esta ya ha sido vendida a una curiosa y “moderna” familia con una excéntrica y gótica hija. Como arranque de película, la verdad es que el argumento no está nada mal, ¿no?

Como la convivencia entre el matrimonio fantasma y los nuevos inquilinos de su casa es imposible, deciden contratar los servicios de Bitelchús, una criatura procedente de quién sabe Dios dónde, a mitad de camino entre un psicópata hiperactivo que se ha comido al Grinch y el maléfico Tio Olaf, tirano por excelencia de Una serie de catastróficas desdichas de Lemony Snicket. Bitelchus se encargará, ya que su profesión es asustar a los humanos, por orden de una dubitativa Winona, de asustar a los demás habitantes de la casa, su familia, ya que el matrimonio no es capaz de hacerlo por si mismo.

Si no habeis visto la película, aquí teneis el trailer de Bitelchus para haceros una idea de lo que os espera, que no es poco:

Personalmente no podría destacar ningún aspecto negativo a la película, las interpretaciones son más que correctas, aunque despunta entre el elenco el papel de Winona Ryder como hija rarita. Los escenarios son auténticamente Burton, a los que nos gusten sabemos que esperar de ellos y suspiraremos con cada espiral blanquinegra; y a los que no, querrán arrancarse los ojos a los cinco minutos de visionado de la película, por que su huella está por todas partes. En cuanto a los efectos especiales, son tan ochenteros que resultan entrañables y se suman a la totalidad de la estética de Bitelchús.

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